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Valle de Bravo es una población muy peculiar: las casas coloniales de estuco blanco están adornadas con balcones de hierro forjado y techos de teja roja; es un pueblo en la montaña que se eleva de las orillas del lago y está rodeado por pinos y montañas. Situado a sólo una hora de Toluca, se ha convertido en un centro de recreo de primer orden por los innumerables atractivos que encierra y por los sitios de interés que hay en sus alrededores.
Originalmente se llamó San Francisco del Valle de Temascaltepec y por más de tres siglos fue un asentamiento dedicado a la agricultura y la horticultura, sin embargo hacia 1946 el paisaje y la vida del lugar se transformaron, cuando las tierras del valle fueron inundadas como parte del proyecto hidroeléctrico Miguel Alemán.
Hoy, en el lago de Valle de Bravo es posible practicar los deportes acuáticos propios de las zonas lacustres como el esquí, el veleo, el canotaje y la pesca; por su parte, el poblado cuenta con infinidad de atractivos como sus empinadas calles, los portales de la plaza con sus puestos de antojitos, el singular quiosco de madera y teja, el mercado de artesanías y la parroquia de San Francisco, patrono del lugar, que ostenta un campanario del siglo XVI.
Avándaro, localidad vecina hoy incorporada a Valle, cuenta con fraccionamientos y un hotel de gran categoría, restaurantes, club hípico y club de golf. En sus cercanías se practican montañismo, escalda en roca, ciclismo, motociclismo de campo, vuelo libre y vuelo ligero, entre otras actividades.
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