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Cuenta una leyenda nahua que esta imponente metrópoli fue el escenario del nacimiento del quinto sol, la nueva era para los mexicas.
Cuando los mexicas o aztecas, llegaron a estas regiones, la ciudad estaba ya abandonada, aún así, pudieron constatar su magnificencia que inmediatamente fue atribuida a los dioses, no en vano le dieron por nombre Teotihuacan, que significa "Ciudad donde nacen los dioses".
Según la leyenda, se reunieron al principio de los tiempos algunos dioses para designar funciones; aquél valiente que se arrojara a la fogata mística se convertiría en sol; sin embargo, hubo un segundo dios que, víctima de los celos, se arrojó también a las llamas; como castigo los demás dioses le arrojaron un conejo para opacar su luz, creándose de esta manera la luna. Fue así, con el sacrificio de estos y otros dioses, que nació una lucha constante entre los poderes diurnos y nocturnos.
Teotihuacan estuvo habitado hace 2000 años, siendo contemporánea de algunas de las principales ciudades de mesoamérica como Cholula y Monte Albán. Allí nacen muchos de los conceptos que se verán en ciudades subsecuentes como la orientación de los edificios. La ubicación de la Pirámide del Sol, una de sus principales estructuras, no es casual; está asentada sobre una cueva cuya existencia fue necesaria para levantar encima de ella el edificio que representaba el centro del universo.
La cultura de sus pobladores estaba basada en la adoración al dios de la lluvia. Las pirámides del Sol y la Luna, la Ciudadela, con su templo a Quetzalcóatl (serpiente emplumada) y el palacio de Quetzalpapálotl (mariposa emplumada) son las construcciones principales a lo largo de la gran Avenida de los Muertos, de kilómetro y medio de longitud.
El sitio arqueológico está ubicado a 50 kilómetros al noreste de la Ciudad de México.
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