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Zacatecas es ejemplo del esplendor de la Colonia; de entonces data la filigrana de cantera rosa que vemos en su Catedral y sus conventos. A fines del siglo XIX se construyeron también obras que perduran, como la herrería que adorna sus balcones y el Teatro Calderón. Están, por otra parte, tradiciones como la charrería o las artesanías en plata y cuero y algunos de los más importantes museos del país: uno con máscaras de todas sus regiones, uno con escultura y pintura que van de los griegos a Picasso y la cercana zona arqueológica de La Quemada o el Museo Virreinal de Guadalupe.
Zacatecas: bajar a una mina y atravesar el cielo en teleférico; caminar sus calles empedradas que nos llevan a tiempos pasados y recorrer los museos que guardan para siempre el tiempo; conocer sus tradiciones y vivir sus noches de fiesta.
Acostumbrada desde su fundación a ser frontera, ayer Zacatecas fue confín de la cultura mesoamericana y bastión de la Conquista en su avance hacia el norte. Hoy, la ciudad comparte la pujanza industrial de los norteños, el apego a las tradiciones característico del sur y es orgullosa aportación de México al Patrimonio Cultural de la Humanidad.
Fundada en 1546 por el soldado Juan de Tolosa que sostenía haber encontrado plata ante las burlas de sus compañeros, pronto la ciudad le dio razón y riqueza. Zacatecas fue una de las más importantes capitales de la Nueva España: sólo los franciscanos llegaron a controlar desde allí 58 conventos, llegando hasta el sur de los Estados Unidos. En 1715 tuvo 40 mil habitantes, cifra que después del siglo de guerras que empezó con la Independencia no habría de recuperar hasta finales de los sesenta. De su vocación moderna es testimonio el que en 1857 se estableció aquí un taller fotográfico y sus calles vieron asombradas circular el primer automóvil en 1902. El 23 de junio de 1914 fue tomada por Francisco Villa, en una de las batallas decisivas de la Revolución.
Con 300 mil habitantes, Zacatecas está al norte del altiplano y a 2,500 metros de altitud en una cañada irregular a la que debe sus características callejuelas que suben y bajan entre los cerros de El Grillo y la Bufa, éste último convertido en su entrañable símbolo. De clima seco y templado, el promedio es de 16º C aunque en invierno llega a ubicarse bajo cero.
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