Puede decirse que el Valle de Oaxaca limita hacia el pasado con una influencia olmeca que llegó a Monte Albán en el siglo VII AC y que hacia el futuro se despliega en una generación de pintores y artesanos reconocidos mundialmente, encabezada por Francisco Toledo.



Geográficamente, el valle, atravesado al sur y oeste por el río Atoyac, está en la región central del estado, a 1158 metros del nivel del mar, a 18º C en promedio y a cuatro horas y media, en coche, de la capital de la república. Allí se encuentra, con sus 200 mil habitantes, la ciudad de Oaxaca y, muy cerca, una colina rasada a 400 metros por los zapotecos —en su lengua "el pueblo de las nubes"— para construir una ciudad sagrada.



Monte Albán guarda testimonios de mil quinientos años de este imperio, que alcanzó su auge hacia nuestro año 800. Dos siglos después la zona fue ocupada por los mixtecos que dejaron muestras de su fastuosa orfebrería y después fundaron Mitla, que aún florecía en el extremo oriente del Valle cuando llegaron los españoles. La ciudad colonial, que se llamó Antequera, trazada en 1529, fue algún tiempo la segunda de la Nueva España, como revelan la edad y magnificencia de sus iglesias y conventos. Dos de sus gobernadores del siglo XIX llegaron a presidentes y cambiaron al país: Juárez y Díaz.



Desde 1987, Oaxaca y Monte Albán fueron integrados por la UNESCO al Patrimonio de la Humanidad, lo que nos da idea de lo que el visitante puede encontrar aquí: al pie de la zona arqueológica, una ciudad preservada a lo largo de los siglos en la que brilla la Colonia con el oro de los retablos y el verde de la cantera. Pero, además, está la herencia de esas dos culturas que renace en la obra de sus orfebres, alfareros y pintores; en su cocina, su música y en la alegría y colorido de sus fiestas, calles y mercados.



Recorra los andadores que le llevarán a Santo Domingo pasando por el Museo de Arte Contemporáneo; suba a Monte Albán y espere la puesta de sol en su enorme plaza, imaginando la época en que sus edificios estaban pintados de rojo. Por la noche, después de una exquisita cena, remate con un tradicional mezcal. Anote dos fiestas básicas: la Guelaguetza y la Noche de Rábanos.
 
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